Hamburguesería Titanic Burguer, Ciudad Bolívar, Venezuela.
sábado, 11 de julio de 2009
viernes, 10 de julio de 2009
¿De qué lo quiere?
Confio que leí de este lugar en la Lonely Planet. Y no pude resistirme a conocerlo. Promocionada como la heladería con mayor variedad de sabores en el mundo, con un récord Guinness que parece lo avala, Coromoto ha producido unos 788 sabores diferentes.
El hito lo celebran los carteles que se encuentran en el exterior. Más allá del marketing, la primera (y última) sensación cuando se ingresa allí es que el lugar es verdaderamente feo, demasiado feo. En una de las paredes hay un collage de fotos, pero como no está tan cerca de las miradas curiosas, bastante lejos del mostrador, no se de qué o quién serán. Hay también un espacio de cachucas/gorras, souvenirs, más espantosa aún.
Para ver y elegir los sabores se debe seguir una especie de carril para ganado y la pared más importante de todas es la que pone los nombres de todos los sabores que la heladería ha inventado en su historia. Todos estos están hechos en maderas distintas, con diferentes colores, tipografías y criterio estético. Además son diferentes a los que se usan para marcar en el mostrador refrigerado los que están disponibles en el momento (escritos con una vil pluma sobre papel blanco o recortando logos muy comerciales, como los sabores "Coca-Cola" o "Cocosette", una oblea tradicional de Venezuela).
Pues bien, quizá lo más trascendente de esa variedad de oferta es que muchos de los sabores pueden ser de verduras, de pescados o hasta de comidas compuestas como "arroz con pollo".
Una vez que se acaba el balde de un sabor "exótico", inmediatamente ocupa su lugar otro de estos, ya que al mismo tiempo no debe haber más que 30 gustos diferentes a disposición. Supongo que los baldes que alojan las opciones "Cebolla" o "Atún" deben llevar más que meses allí, entonces no tuve más remedio que elegir lo de siempre: Chocolate y Capucchino, que vino a reemplazar al inexistente dulce de leche, porque mezclarlo con "Jamón y Queso" no terminó por convencerme.
martes, 30 de junio de 2009
El Paisaje del Día #45
El Paisaje del Día #46
Salto Jaspe, Parque Nacional Canaima, Gran Sabana, Venezuela.
Los domingos hordas de turistas brasileños de los pueblos y ciudad fronterizas invaden territorio bolivariano en plan picnic acuático. Compran mucha comida y mucha cerveza más barata que del otro lado y lo que el resto de la semana es una experiencia solitariamente zen de silencio, contemplación y disfrute, se transforma en una pasarela de sungas y en un carnaval de niños y adultos gritando, botando a bola y rompiendo las bolas.
Me contaron que muchos de esos autos llevan tanques de gasolina agrandados y el regreso es con los padres de familia felices por tener combustible para toda la semana a unos poquísimos reais.
El Paisaje del Día #44
jueves, 25 de junio de 2009
Pirata del Caribe
Jack Sparrow ya hizo escuela. Me prestaron este barquito para volverme de Curaçao. La cagué. Actué, no pensé, así quedé. Encayamos en Cayo Sombrero, Parque Nacional Morrocoy, Venezuela, con contrabando de quesos holandeses, güisquis escoceses y un cargamento de galletitas Rumba, Mellizas y Amor, de Bagley Argentina (cargo un paquete en la mano), que se venden en todos los supermercados chinos de la isla.
Tempu perfekto pa papiamentu
En Curaçao me fasciné con el papiamento, el idioma de las Antillas Holandeses que construyeron, generación tras generación, los esclavos que llegaban de África a estas islas que fueron la base del comercio de esclavos para toda Latinoamérica y el Caribe.
En papiamento tiene mucho de español y portugués, o por lo menos la forma que los esclavos lo entendían, mechado con holandés, palabras africanas y hasta algo de Arawak, la cultura originaria de estas islas.
Leerlo y comprenderlo parece muy sencillo, pero hablarlo no lo es tanto y entender una conversación entre dos personas que lo hablan me pareció imposible.
Allá viví en Kaya Seru Largu que no es otra cosa que la calle larga al cerro y encontré algunos comercios que tenían letreros que se veían muy entendibles para los hispanoparlantes.
Y cuando ya creía que lo sabía todo...resultó ser que el comercio no se llamaba "Tu zapato derecho", sino que anunciaba que allí se arreglan (drecha) zapatos.
La revolución se hace encapuchado
Visitando el muy elemental (por lo básico, no por lo necesario) Museo de Carúpano, me fui hasta el patio del fondo y encontré esto. Daba risa y un poco de miedo.
Allí estaban El Che, Sandino, Zapata, Bolívar, Sucre, Martí, todos asfixiados en bolsas plásticas y un único descapuchado: Francisco de Miranda.
Lo que pude averiguar detrás de los plásticos es que todos los bustos estaban firmados por el mismo artista (seguramente local) y en el mismo año, 2005, por lo que deduzco que esperan, en ese patio y desde ese año, a que las autoridades definan las coordenadas de algún tipo de paseo revolucionario en esa ciudad del Estado Sucre, Venezuela.
Tu grato nombre
La indagación en mapas desde carajito devino en este buscador infalible de ciudades con nombres... ¿cómo le podríamos poner?, ¿valerosos?
Allá fuimos alguna vez con el big broda a Pelotas, Brasil, adonde recibí una lección de moral de un administrador de un supermercado, que me agarró con las manos en el pomo (literalmente, robando un dentrífico...) y me sermonió con que yo tenía demasiada clase para andar haciendo esas cosas.
En este viaje por Venezuela anduve por Tucacas, escatológico puerto de salida a los cayos del Parque Nacional Morrocoy, donde pernocté al igual que unos días después lo hiciera en el amable Caripito, en el estado Monagas, en el oriente venezolano.
Poco conocí de Caripito, porque llegué tarde en la noche y partí apenas me desperté (no necesariamente temprano), pero en el camino del hotel a la redoma de salida del pueblo conseguí estas instantáneas urbanas.
La ballena estaba en una especie de piscina infantil del Club Social Bolívar, el cerro con el dinosaurio en casa de un vecino cualquiera y el Cristo pre-crucifixión era de un tamaño descomunal, y saludaba la salida y llegada de cualquier cristiano al pueblo, a la vez que vigilaba a los pecadores que salían de los hoteles alojamiento que abrazaban su redoma.
sábado, 13 de junio de 2009
jueves, 11 de junio de 2009
As jot as gel
Lo primero que hice cuando entré en Maracaibo, al anochecer, fue meterme en un Centro Comercial, el paisaje más habitual de las ciudades venezolanas. Y el lugar donde una gran mayoría pasa los mejores momentos de sus vidas, a juzgar por la permanente recomendación cuando se los requiere sobre que merece la pena conocer de cada ciudad.
Fui a una librería y la única guía de Venezuela que encontré fue la Lonely Planet. Empecé a buscar la zona de hospedajes allí, y lo primero que leí era que Maracaibo era "as hot as hell" y que la ciudad se paralizaba para dormir la siesta. Me parecieron comentarios muy gringos, pero al mediodía del día siguiente era la única persona de pie y soportando la marcha a 50 grados sobre el cemento. El resto dormía estas fotogénicas siestas.
martes, 9 de junio de 2009
Balnearios
Coincidió un atardecer con mi llegada bautismal a un pueblo costeño que se llama El Supí, en la Península de Paraguaná, Estado Falcón, Venezuela.
¿Pero realmente estaba en Venezuela? Doblé la primera esquina y ya me sentía transportado a cualquiera de nuestros hermosos lugares de veraneo de la costa atlántica argentina.
Reí recordando la peli "Balnearios" de Mariano Llinás y me ilusioné porque cada vez falta menos para cumplir la promesa de ver "Historias Extraordinarias" (la segunda del susodicho) junto a Fran y los que se prendan.
Hay gente que me pregunta cómo me aguanto viajar solo. Pues esta es una de las razones; en un rato inventé un ejercicio/ensayo con mi camarita en homenaje a Balnearios y a nosotros, sufridos temporadistas argentos, con estas fotos de El Supí que comparto.
domingo, 7 de junio de 2009
Fiacalandia
Yastá. Después de tantísimos kilómetros encontré mi lugar en el mundo. Este cartel, este lugar, lo ví las dos veces anteriores que pasé por la carretera de Santa Marta al Tayrona, y también encontré tranquilandias en otros lugares de Colombia. La diferencia es que antes nunca había tiempo de parar y registrarlos. Ahora, el tiempo está de mi lado y ya parece que me merezco un lugar, un nombre así.
La envenenadora de Adícora
Di con ella. Adícora, Península de Paraguaná, Estado Falcón, Venezuela. La buena Yiya abandonó su vida en Monserrat pero no abandonó sus dotes culinarias. En su vida anterior servía los mejores tés del barrio, de un país. De su nuevo bisnes lo mejor es su mercadeo sincero: "pescado frito y algo más..."
miércoles, 27 de mayo de 2009
Siga la flecha
La Última Lágrima
Urgente se busca
Reunión cumbre
Bar Los Recuerdos
El perro
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